Un pichón de cóndor con GPS y una ballena que nadó más de 13.000 km: los viajes animales que asombran a la ciencia
Con motivo del Día Mundial de los Animales, los científicos compartieron datos de rastreo sorprendentes: un joven cóndor andino seguido por satélite en Perú y una ballena franca que recorrió con su cría una distancia equivalente a cruzar el Atlántico dos veces.
Foto: pululante / Wikimedia Commons · CC BY 2.0
El 4 de octubre, Día Mundial de los Animales, las redes se llenaron de fotos de mascotas. Pero entre tanto perro y gato, se colaron dos historias que dejaron con la boca abierta a miles de personas: un pichón de cóndor andino equipado con un pequeño transmisor GPS en Perú y una ballena franca que, junto a su cría, recorrió más de 13.000 kilómetros. Ambas muestran lo mucho que la tecnología está cambiando lo que sabemos sobre la vida salvaje.
El cóndor: el gigante de los Andes
El cóndor andino (Vultur gryphus) es una de las aves voladoras más grandes del mundo: sus alas extendidas superan los tres metros y un macho adulto puede pesar entre 11 y 15 kilos. Es un símbolo nacional en varios países andinos y aparece en escudos de Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.
Sin embargo, está clasificado como vulnerable por la UICN. Sus principales amenazas son el envenenamiento (a menudo por cebos tóxicos destinados a otros animales), la ingestión de plomo de munición presente en restos de animales cazados y la persecución directa. Además, se reproduce muy lentamente: una pareja suele tener un solo pichón cada dos o tres años, que depende de sus padres durante mucho tiempo.
Por qué ponerle GPS a un pichón
Seguir a un cóndor desde que deja el nido permite responder preguntas clave: ¿cuánto se aleja?, ¿qué zonas usa para alimentarse y descansar?, ¿dónde corre más riesgos? Los transmisores modernos son ligeros, funcionan con energía solar y envían varias posiciones al día. Con esos datos, los conservacionistas pueden identificar dormideros importantes, trabajar con comunidades ganaderas para reducir el uso de venenos y detectar rápidamente si un ave deja de moverse, lo que puede indicar que está enferma o herida.
Estudios similares en Argentina y Chile han revelado que los cóndores pueden recorrer cientos de kilómetros en un solo día aprovechando las corrientes térmicas, casi sin aletear. Un estudio publicado en 2020 calculó que pueden volar durante horas batiendo las alas apenas un 1 % del tiempo.
La ballena franca: una travesía épica
La segunda historia viene del océano. Investigadores siguieron a una hembra de ballena franca y a su cría a lo largo de un viaje que superó los 13.400 kilómetros, una distancia comparable a ir y volver de Madrid a Buenos Aires... y un poco más. Las ballenas francas se desplazan entre zonas de alimentación en aguas frías y zonas de cría en aguas más templadas, donde nacen los ballenatos.
Su nombre en inglés, right whale ("la ballena correcta"), tiene un origen triste: los balleneros la consideraban la presa "correcta" porque nada lento, se acerca a la costa y flota al morir por su gran cantidad de grasa. La caza la llevó al borde de la extinción. Hoy la ballena franca austral, que se puede observar en Península Valdés (Argentina), sur de Brasil, Uruguay y Sudáfrica, se ha recuperado bastante; la del Atlántico Norte, en cambio, está en peligro crítico, con menos de 400 ejemplares.
Qué nos dicen estos datos
- Rutas de migración: conocerlas permite ajustar rutas marítimas y limitar la velocidad de los barcos en zonas críticas, porque las colisiones son una de sus principales causas de muerte.
- Efectos del cambio climático: si el alimento (como el kril y los copépodos) se desplaza, las ballenas cambian sus rutas, y eso puede llevarlas a zonas más peligrosas.
- Supervivencia de las crías: seguir a una madre con su ballenato muestra qué tan exigente es el viaje para un recién nacido.
Una tecnología que cabe en una mano
Hace unas décadas, seguir a un animal salvaje significaba perseguirlo con una antena de radio o confiar en avistamientos esporádicos. Hoy, etiquetas satelitales del tamaño de una caja de fósforos, sensores de profundidad y hasta pequeñas cámaras permiten reconstruir viajes enteros. Proyectos como Movebank reúnen datos de miles de especies, desde murciélagos hasta tortugas marinas, y cualquiera puede ver algunos de esos mapas en internet.
Los científicos insisten en que los dispositivos se diseñan para pesar muy poco en relación con el cuerpo del animal y se colocan siguiendo protocolos éticos supervisados.
Cómo puedes ayudar
- Si haces avistamiento de ballenas, elige operadores autorizados que respeten las distancias.
- No compres productos de fauna silvestre ni participes en atracciones que usen animales salvajes.
- Apoya o sigue a organizaciones locales de conservación: muchas publican mapas y actualizaciones de los animales que siguen.
- Si eres cazador o ganadero, infórmate sobre munición sin plomo y alternativas al veneno.
Viajes que nos conectan
Un cóndor que cruza montañas y una ballena que atraviesa océanos nos recuerdan que las fronteras son una invención humana. Protegerlos exige cooperación entre países, y cada nuevo dato de un GPS es una pieza más para lograrlo.
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