Infarto en personas jóvenes: por qué ocurre y las señales que nunca debes atribuir al estrés
Tres figuras públicas de menos de 60 años murieron de infarto en un mes en Argentina. Los cardiólogos explican que ser joven reduce el riesgo pero no lo elimina, qué síntomas exigen llamar a emergencias y por qué ir por tu cuenta al hospital es peligroso.
Foto: Wikimedia Commons · CC0
Una persona se lleva las manos al pecho. Foto de referencia: freestocks.org / Wikimedia Commons (CC0).
En apenas un mes murieron tras sufrir infartos tres figuras públicas argentinas de menos de 60 años: el meteorólogo Fernando Confessore, de 58; el excampeón mundial de boxeo Jorge “Locomotora” Castro, de 59, y el periodista Gastón “Pampa” Leturia, de 52. La coincidencia volvió a abrir una pregunta: ¿por qué un infarto puede ocurrir antes de la vejez?
“Ser joven implica una menor probabilidad de tener un evento cardiovascular, pero esto no hace inmune a la persona”, explicó a Infobae el cardiólogo Alejandro Amarilla, de la Federación Argentina de Cardiología.
Un daño que se acumula durante años
La aterosclerosis, la acumulación de placas de colesterol en las arterias, tarda entre 15 y 20 años en desarrollarse, según Amarilla. El infarto ocurre cuando una de esas placas se rompe y se forma un coágulo que tapa la arteria y deja sin oxígeno a una parte del corazón.
El cardiólogo Hernán Krimer, del centro Cardiozone, señaló que el tabaquismo, el colesterol alto, la diabetes y la herencia pueden adelantar la enfermedad. Un análisis de más de 280.000 pacientes de 18 a 44 años que habían tenido un infarto encontró tabaquismo en el 57%. Antes de los 30 años es poco frecuente y obliga a investigar alteraciones hereditarias del colesterol o el consumo de estimulantes.
“Una persona de 35 años puede llevar una vida activa, no tener antecedentes y atribuir una opresión en el pecho al estrés, una contractura o una comida pesada. Esa sensación de inmunidad es parte del problema”, dijo Krimer.
Las señales de alarma
MedlinePlus y los especialistas coinciden en los síntomas principales:
- Molestia en el pecho que se siente como presión, opresión, peso o ardor.
- Dolor que se extiende a los brazos, la mandíbula, la espalda o la parte alta del abdomen.
- Falta de aire, sudor frío, náuseas o mareo.
En mujeres, personas mayores y personas con diabetes, los síntomas pueden ser menos típicos, como cansancio inusual o falta de aire sin dolor de pecho.
El error más peligroso
Ante una molestia nueva, intensa o persistente con esos síntomas, hay que llamar a emergencias. “El 50% de los pacientes llega por sus propios medios, lo que es peligrosísimo”, advirtió Alberto Alves de Lima, director médico del ICBA. Según el especialista, el traslado en ambulancia reduce la mortalidad cerca de un 30%, siempre que el sistema de emergencias responda rápido.
Amarilla también aclaró una duda que circula en redes: “no existe ninguna evidencia” de que la vacuna contra el COVID-19 aumente los infartos en jóvenes. Explicó que la confusión viene de la miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco que es una complicación poco frecuente de algunas vacunas y que la propia infección por COVID-19 provoca con más frecuencia.
Cómo reducir el riesgo
Krimer resumió la idea central: las arterias pueden acumular daño durante años antes de dar una señal, y “la oportunidad está en detectar el riesgo cuando todavía existe tiempo para modificarlo”.
No fumar, controlar la presión, el colesterol y el azúcar, moverse a diario y conocer los antecedentes familiares son las medidas más eficaces. Si en tu familia hubo infartos a edades tempranas, consulta a tu médico para hacer un chequeo aunque te sientas bien.
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Fuentes
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