Lo que vieron en el cerebro de niños que comen muchos ultraprocesados: no los disfrutan más, pero los buscan con más fuerza
Un estudio de la Universidad del Sur de California publicado en JAMA Network Open escaneó el cerebro de 46 niños de 7 a 10 años: más ultraprocesados se asoció con más actividad en una zona de motivación y recompensa, y con más grasa corporal un año después.
Foto: kellyhogaboom / Wikimedia Commons · CC BY-SA 2.0
Un niño come una hamburguesa con refresco (no corresponde a los participantes del estudio). Imagen de archivo: kellyhogaboom / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0). En la imagen para redes también: Potato-Chips, Evan-Amos / Wikimedia Commons (Public domain).
Ya se sabía que comer muchos alimentos ultraprocesados se asocia con más riesgo de sobrepeso. Lo que faltaba era entender qué pasa en el cerebro de un niño cuya dieta gira en torno a esos productos. Un estudio de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California (USC), publicado en JAMA Network Open y difundido por Infobae, ofrece una primera pista.
El hallazgo tiene una parte inquietante: no se trata de placer, sino de impulso.
Cómo se hizo el estudio
El equipo trabajó con 46 niños estadounidenses de peso saludable, de entre 7 y 10 años (edad media de 8,7 años), que forman parte del proyecto BrainChild. Registraron lo que comían con entrevistas detalladas de 24 horas y clasificaron los alimentos con el sistema NOVA, que va de los no procesados a los ultraprocesados.
Después, los niños pasaron por una resonancia magnética funcional mientras veían fotos de alimentos muy apetitosos, como galletas o papas fritas, alternadas con objetos neutros. Antes tomaron una bebida de glucosa para igualar su nivel de hambre. Un año más tarde se volvió a medir su composición corporal.
Un dato llamativo: en promedio, el 67,7 % de las calorías diarias de estos niños venía de ultraprocesados.
Qué encontraron
Un mayor consumo de ultraprocesados se asoció con una respuesta más intensa en el estriado dorsal, una región que participa en el aprendizaje, la motivación y la anticipación de recompensas. En cambio, no hubo una asociación clara con el estriado ventral, la zona más ligada al placer inmediato.
Los autores lo explican con la idea de “sensibilización del incentivo”: con la exposición repetida, el “querer” se amplifica más que el “gustar”. Dicho de forma sencilla, el niño no necesariamente disfruta más de la comida, pero desarrolla un impulso más fuerte para buscarla.
Además, más activación del estriado dorsal se asoció con aumentos del índice de masa corporal y del porcentaje de grasa un año después.
Lo que el estudio no demuestra
Los propios investigadores advierten límites importantes: la muestra es pequeña y el diseño es observacional, así que no prueba que los ultraprocesados causen esos cambios; también podría ser que los niños con un sistema de recompensa más reactivo los elijan más. La coautora Kathleen Page subrayó que la responsabilidad no debe recaer solo en las familias, porque estos productos suelen ser los más baratos y accesibles.
La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar los azúcares libres, la sal y las grasas poco saludables, muy presentes en estos productos, y basar la dieta en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Pequeños cambios, como ofrecer fruta en lugar de galletas o agua en lugar de bebidas azucaradas, ya cuentan. Si te preocupa la alimentación o el peso de tu hijo, consulta a tu médico o pediatra.
Lee también: Redes sociales y menores: lo que dicen los datos · Inyecciones para adelgazar y la piel
Fuentes
Contenido informativo. No sustituye la consulta con un profesional de la salud. Aviso médico